EL MITO DE LA SOBREPOBLACIÓN DEL PLANETA: JUSTIFICACION DE LA AGENDA DE LA MUERTE

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Opinión

Juan Felipe Sánchez Rocha @FSMex_

De manera creciente vemos en el establishment de los medios de comunicación, cada vez con mayor frecuencia y espectacularidad, encabezados tales como “Lo mejor que puedes hacer por el medio ambiente es no tener hijos”, o bien, “Las dolorosas consecuencias económicas de un embarazo no deseado”.

Vemos también en todo el mundo que es una exigencia cada vez mayor del movimiento feminista radical la legalización y el fácil acceso con menores restricciones al aborto, y es visto como señal de “avance social” y “modernidad” el que se legalice, así también la eutanasia y el suicidio asistido.

Esta embestida contra la fertilidad humana tiene efectos ya. Hoy en día es mal visto procrear, muchos jóvenes millenials y no se diga centennials dicen que ya no quieren tener hijos, acuciados por modelos adoctrinantes abortistas y anarquistas como Taylor Swift y Yalitza Aparicio, algunos países del mundo ven envejecer y decrecer su población,  es ya una realidad el riesgo de que en algunas décadas, la sociedad se haga inviable por falta de nacimientos.

Es entonces evidente que a alguien o a algunos, muy muy muy arriba en los círculos reales de poder en algún momento tuvo o tuvieron la ocurrencia de que ya somos muchos en el mundo y que hay que hacer decrecer urgentemente la población. Ojalá fuera esta una teoría conspirativa (como tal vez alguien lo puede pensar al leerme) pero la evidencia cotidiana es abrumadora. Vemos que se desincentiva la procreación, se fomenta la preferencia homosexual (que por definición no tiene capacidad procreadora) y se presenta el aborto como un derecho de las mujeres. Ejemplo abundante de ello lo tenemos, por ejemplo, en la actuación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que ha dejado por completo de lado su misión de ver por la paz y convivencia armónica entre las naciones para dedicarse a propagar la ideología de género, sus políticas y preceptos, disfrazándolos de “derechos”.

Pero, ¿por qué se hace esto? ¿Hay realmente una grave sobrepoblación que conlleve una tremenda crisis de sustentabilidad y que justifique esta serie de desesperados, sistemáticos y bien coordinados intentos por controlar y reducir la población mundial? Veamos algunos datos duros que nos permiten afirmar categóricamente que no.

Con frecuencia suele aducirse que los recursos naturales “se acaban”. Pues bien, Julian L. Simon y Hernan Kahn escribieron un libro The Resourceful Earth, en el cual sostienen que la reducción del precio y el incremento de los recursos básicos se deben a que:

«los mecanismos usados por el hombre, que nos conducen a la noción del límite, no son aplicables a los recursos. Deberíamos pensar, más bien, en eso que hemos llamado la mentalización del trabajo (es decir la aplicación de la mente humana en la tarea de multiplicar las subsistencias al ritmo de las necesidades) para explicarnos por qué, cada cierto tiempo regular, superamos los límites que anteriormente parecían infranqueables».

The Resourceful Earth

Hoy por ejemplo, hay más población alimentada y a precios más bajos que hace veinte años. La cantidad de población alimentada por hectárea de tierra cultivable ha crecido incluso en las naciones más pobladas de la Tierra gracias a las mejoras en la Tecnología agrícola.

Otro argumento que busca convencer respecto a la sobrepoblación es el de la carencia de espacio físico dado que ya “somos demasiados”. Error. La realidad es que el planeta está subpoblado y que la gente está distribuida irregularmente. Un dato fundamental al respecto es que si se juntara toda la población del mundo cabría completa en el estado de Texas y se alimentaría con un terreno cultivado con una superficie algo mayor que Argentina, mientras que el resto del globo terráqueo estaría completamente vacío.

Por último, desmontemos el argumento de que los países con demasiada población son países pobres por ese hecho. El reconocido especialista de la Unión Internacional para el Estudio Científico de la Población, Ronald D. Lee afirma que «docenas de estudios, comenzando por el de Kuznets (1967) han establecido la no asociación entre la tasa de crecimiento de la población y el crecimiento de la tasa de ingreso per cápita».  La riqueza o pobreza dependen de otros factores que no son el crecimiento de la cantidad de personas que habitan en un territorio, y como prueba de ello veamos como naciones con elevadísimas densidades poblacionales como Japón, Taiwán, China, Mónaco o Corea del Sur tienen densidades poblacionales alrededor de 150 veces más grandes que Somalia o Etiopía, pero su Ingreso per Cápita es cerca de 200 veces mayor. La riqueza de las naciones es generada por la gente, no por sus recursos ni sus máquinas per se.

Quitémonos pues de la cabeza el mito de la sobrepoblación. Es algo falso y dolosamente instalado en la agenda pública mediante una bien financiada y coordinada tarea de Ingeniería Social que en el afán de reducir la población impulsa una tenebrosa agenda que ve a la vida humana como algo desechable. Tanto o incluso más tenebrosa que el fascismo nazi y las purgas estalinistas.