La condición de género y el feminicidio de Karla

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  • Aunque hay avances sociales en el tema del feminicidio, aún se suele criminalizar a las víctimas cuando se les relaciona con actividades ilícitas.

A un año de la muerte de Karla, la reflexión sobre la condición de género y los feminicidios sigue latente.
La brecha de desigualdad fue notoria en el caso de Karla, una mujer de 30 años, madre de dos niños, que laboraba en la Zona Industrial, encontrada agonizante cerca de la avenida Muñoz la madrugada del 18 de agosto del 2019.
El hecho se desestimó por las autoridades y sociedad al momento en que extraoficialmente se relacionó su feminicidio con el consumo y venta de drogas.

Incluso se criminalizó, cuando a tres días de su muerte, el vicefiscal Aarón Edmundo Castro Díaz “especificó” ante medios de comunicación los tatuajes que tenía en su pierna y espalda, y lo justificó al estar en calidad de desconocida.
Arely Torres Miranda, feminista y especialista en el tema, explicó que “la condición de género, coloca a las mujeres en desventaja” respecto al nivel de violencia y tortura en feminicidios relacionados con el crimen organizado.
Torres Miranda, señaló que “la estructura de poder” dentro de los grupos del narcotráfico genera que “el cuerpo de las mujeres se convierta en un campo de batalla”, lo que se ejemplifica en el caso de Karla, que fue torturada y quemada en vida.


Además de que, las víctimas suelen ser desestimadas al justificar que su muerte fue consecuencia de sus acciones relacionadas al consumo o venta de drogas, “decían que Karla vendía cristal y después ya no supimos más”, comentó Torres Miranda.
La feminista recordó que, “hace tiempo hubo un caso de dos chicas que desaparecieron y días después fueron dejadas sus cabezas en una plaza de Matehuala”, pese a que había características de feminicidio las autoridades “no quisieron tomar el caso como tal, aunque hubo exposición de los cuerpos”.
Torres Miranda, precisó que, “la saña y tortura sexual son generalidades de violencia contra las mujeres dentro de estos grupos de poder”.


A diferencia de las muertes violentas de hombres por narcotráfico, “no es común que se mutilen los genitales”, mientras que a las mujeres sí, “los pezones y el clítoris suelen ser mutilados”, además de que la amenaza de “violación” es latente.
Está modalidad de feminicidios coincide con los casos de Ciudad Juárez, aunque no es un tema aislado al panorama que enfrenta San Luis Potosí.
Finalmente Torres Miranda, lamentó que la violencia contra las mujeres “no sólo sea por integrantes de grupos delictivos, también deriva de las autoridades”.

El caso de Karla
La noche del sábado 17 de agosto del 2019, Karla estuvo en una reunión en la Privada de Huizache de la colonia Valle del Tecnológico. Al salir, fue agredida por 1 mujer y 4 hombres, quienes al parecer, estuvieron con ella en la reunión. Dos de ellos, Miguel y Jonathan, le rociaron combustible y le prendieron fuego; la información de la Fiscalía refiere que también fue atada y torturada, por un tercer hombre de nombre Francisco y que fue trasladada en un vehículo Shadow propiedad de Gustavo y Esmeralda, hasta la colonia Manuel J. Othón y en ese rumbo fue abandonada con quemaduras en la mayor parte de su cuerpo y semidesnuda.


Karla deambuló agonizando por calles cerca de la Prolongación Muñoz, la joven pedía auxilio, más nadie la socorrió, transcurrió más de una hora hasta que fue encontrada por elementos de la policía municipal, en ese momento Karla ya estaba muy malherida, fue trasladada al Hospital Central, donde murió la tarde del domingo 18 de agosto de 2019.
Karla alcanzó a pronunciar su nombre y señalar que dos hombres la habían quemado.
Estuvo como desconocida varios días, mientras la FGE realizaba las indagatorias por su muerte. El 21 de agosto el vicefiscal Aarón Edmundo Castro Díaz, “especificó” a un grupo de reporteros, que Karla tenía tatuajes de un sol, un ángel y un demonio en el tórax y en la pierna derecha un mándala y una especie de cordón con las letras “m” y “a”. El 3 de septiembre fueron detenidos los primeros dos presuntos responsables, Esmeralda y Gustavo, después Miguel y Jonathan, al final Francisco.
Los agresores permanecen en prisión, aunque es incierto que su muerte encuentre justicia.