La historia de Claudia y sus dos hijos con TEA. Desigualdad en una crisis Sanitaria

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  • “Mi hija ni siquiera tiene para darles de comer, el padre era alcohólico y murió, me duele que la ataquen sin saber lo que ha sufrido por cuidar a sus hijos”, fue lo que nos dijo la abuela de los dos chicos con autismo severo y desnutrición que el viernes pasado fueron resguardados por el DIF Estatal.
  • El impacto de salud, económico y social provocado por la pandemia de la Covid se refleja en la historia de Claudia y sus hijos.

Las consecuencias de la desigualdad que sufren Claudia y sus dos hijos Jesús Leonardo y Antonio Guadalupe se amplificaron durante la pandemia en el aislamiento social, sin que ninguna institución les brindara ayuda.

Claudia es una mujer viuda con un agotamiento crónico, que se gana la vida como obrera en una empresa de la Zona Industrial rolando tres turnos, sus dos hijos adolescentes tienen Trastorno de Espectro Autista (TEA) en un nivel severo. Su condición requiere un tratamiento especializado e integral y bastante costoso, “soy viuda desde hace 6 años, tengo que trabajar, la pensión que me dan de 3 mil pesos al mes no me alcanza para pagar renta y las terapias de los niños, cada una en 800 pesos, esto es muy difícil no se lo deseo a nadie”, nos dijo Claudia en la entrevista.
El IMSS dejó de suministrarle medicamento específico que controlaba la conducta de los chicos, los resultados fueron lamentables, el comportamiento de sus dos hijos se tornó violento casi incontrolable, “por la pandemia nos suspendieron el seguro, lo estuve arreglando porque es para toda su vida, mis hijos tienen autismo severo, la gente no sabe que ellos por sus crisis se golpean solitos, gritan, lloran y así pueden estar todo el día. Se pegan contra el piso, a puño cerrado, no los puedo amarrar para que no se peguen o taparles la boca para que no griten. En una de las crisis de Leo se dejó sus ojitos morados”.

En el mes de mayo, la señora Claudia buscó apoyo en diversas instituciones públicas y privadas, pero le fue negado.
Era participante en un chat de la Fundación Saya; desde este foro narraba a otros padres con hijos con TEA su experiencia en las terapias equinas a las que llevaba a sus hijos, compartía fotos de los chicos y también rogaba por ayuda, más nadie le extendió la mano. Y en su frustración reclamó usando un par de groserías por lo que la presidenta de Saya la eliminó del chat y excluyó de la Fundación.
También acudió a la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (PPNNA), para solicitar un lugar para sus dos hijos, pero nunca fue atendida.
El DIF Estatal señaló no tener registro de Claudia ni sus hijos. Aunque nuestras fuentes señalan lo contrario, la misma Claudia lo aseveró, “pedí ayuda por teléfono, me mandaban a la goma en la PPNA y hasta en municipio”.
Recordemos que durante la temporada más drástica de la pandemia la atención en instituciones públicas se modificó de presencial a telefónica y muchos programas sociales fueron suspendidos.
Además la Fundación Saya es una asociación que trabaja con el DIF Estatal y municipal, por lo que la presidenta debió canalizarla.


En general Claudia y sus hijos fueron olvidados por el Estado, en una discriminación que emana desde las fallidas políticas públicas y atraviesa la administración pública y la comunidad.
El Estado sabía de la situación de Claudia y sus hijos, los chicos ya habían sido atendidos en el CREE, “de chiquitos iban al Cree que es del DIF, me los dieron de alta y me dijeron que los metiera a una escuela normal, cómo va a ser eso posible si no pueden controlarse ni dejar de golpearse”, replicó la señora Claudia.
“Capea los rechazó, me dijo que mis hijos no aprendían que tenían la cabeza hueca, y querían que pagara, han estado en Vida Digna y el Cam Manuel López Dávila”, narró la señora.

Claudia nos pidió hacer pública su historia, y es que al momento en que el Gobierno Estatal a través de la Secretaría de Seguridad Pública y el DIF hicieron público el “rescate” de los adolescentes, se suscitó un linchamiento virtual contra ella, al grado de sufrir agresiones por parte de sus compañeras de trabajo, “desde el viernes pasado me he sentido un poco mal, mucha gente no sabe la realidad”.


Pide a la sociedad conozcan su historia, a las autoridades les solicita cuiden a sus hijos, porque está consciente de que ella no puede sola, pero que le permitan visitarlos, “que ya no hablen mal de mí y que me ayuden, que así como dijeron que me los dejarían ver. Si fuera mi culpa ya me hubiera escondido, ya fui a la procuraduría y les presente todos los papeles de sus diagnósticos”, explicó la señora Claudia.
La señora Claudia nos mostró documentos y fotografías que comprueban su historia, también obtuvimos testimonios de padres de familia con hijos con TEA.
En mayo cuando Claudia pidió ayuda, en el chat de la Fundación Saya también compartió fotos de los dos chicos, lucían delgados más no famélicos, el Estado sabía de ellos.