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Esta navidad visibilicemos a los que más nos necesitan, colaboración de Juan Felipe Cisneros

  • Observatorio Indígena Mesoamericano

La navidad es una oportunidad de expresar nuestros sentimientos y amores. Millones de personas tendrán un cena, pero miles de millones no. Muchos viviremos la paz, millones de seres seguirán bajo el fuego de la guerra.

Hoy tal vez tendremos la oportunidad de brindar con un buen vino, sin embargo existen millones que ni siquiera tendrán un vaso de agua. Vivimos una realidad de abismales brechas, de desigualdad provocada por condiciones estructurales de los sistemas económicos, políticos y sociales impuestos sobre las espaldas de los trabajadores de las ciudades o el campo.

Si bien es sano festejar de conformidad a nuestras tradiciones y posibilidades, no debemos olvidar y cerrar los ojos ante la injusticia, la guerra, el hambre, la sed, la enfermedad, el despojo, el acoso, la violación de los derechos humanos y colectivos. Por ello invitó a los lectores a que compartamos y recordemos a los que no tienen voz. A los invisibilizados por la sociedad consumista y superflua. A los ignorados por los gobiernos de cualquier signo.

Por eso este 2020  que ha sido un año trágico, difícil y complicado; pensemos y continuemos haciendo algo por los otros y en medio de todo, los que aún sobrevivimos, podemos desear utopicamente lo mejor; pensemos en abrazar a los invisibilizados.
Abracemos a los espíritus que han partido y que han dejado huella en la historia familiar y personal, un abrazo a los deudos que sufren la ausencia de los seres amados.

Abracemos a las personas que aún en medio de la miseria resisten la crueldad de los despiadados egoístas, abracemos a los olvidados por los gobierno, abracemos a los migrantes que viajan sobre “la bestia” y a su tenacidad para cambiar su destino.
Abracemos a los indígenas explotados, discriminados, despojados de sus territorios por la ambición adinerada y la cínica complicidad de los gobiernos, demos un abrazo a los mujeres, niñas y niños violentadas o víctimas de feminicidio. Abrazo a las madres, abuelas y abuelos refugiados en la soledad y abandonados por todos.

Abracemos también al corazón adolorido por la crueldad de unos y el martirio de millones, pero que resiste como el suyo la vida que nos queda.
Abracemos a quienes hablan, gritan, trabajan, luchan, sin rendirse por cambiar el destino, la misma vida; aunque la crítica los incinere y la apatía de muchos pretenda vulnerarlos.

La navidad no debe ser un regalo, sino una entrega permanente de amor a toda prueba.

Juan Felipe Cisneros Sánchez

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