Gabo el filántropo, la otra cara del emprendimiento

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  • A través de la Fundación Creer, brindó oportunidad a decenas de niños y niñas de adentrarse al mundo del arte y la cultura.

En una casona antigua de la calle Damián Carmona, se encontraba la Fundación Creer, asociación civil presidida por Gabriel Salazar Soto, empresario y actual aspirante independiente a diputación del 5o. distrito electoral.

Gabriel ha sido señalado por presunto fraude desde Invercorp, una de las empresas que dirige, y en este año su nombre tomó relevancia por los señalamientos que lo vinculan a irregularidades con Servicios de Salud.

Más allá de esa situación y mucho antes de que fuera tan popular por las acusaciones, Gabo inició la Fundación Creer, con maestros de gran corazón que impartían clases a niños y niñas, la mayoría sin posibilidades de continuar aprendiendo en instituciones particulares.

Patrocinó un equipo de futbol en el 2017 con uniformes y balones. Después en febrero de 2019, la casona antigua de Damián Carmona se adecuó para las instalaciones de la Fundación. Ahí, niños de colonias aledañas se beneficiaron con clases gratuitas en varias disciplinas de arte y cultura.

Señala Gabo que la Fundación se sostenía con “donaciones obligatorias proporcionales de las empresas”, que dirige,  “Invercorp no donaba, financiaba”, y tras la situación financiera con acreedores y esa empresa, en el primer semestre de este año,  “entró en concurso mercantil”, por lo que fue imposible seguir sosteniendo las instalaciones de la Fundación Creer.

Pr más de un año la Fundación aportó experiencias significativas a decenas de niños, niñas, adolescentes y adultos mayores.  A través de becas se brindó la oportunidad a familias de sumergirse en el mundo del arte y la cultura.

Logramos contactar a algunos maestros,  ante la situación de la empresa, solicitaron que sus nombres no fueran mencionados.

María* una joven maestra de música, empezó a dar clases desde octubre 2019, “en total tuve 14 alumnos de 4 a 13 años de edad”.

Narra María que como maestra de música, le brindaba “satisfacción ver el crecimiento” de los chicos,  “se les llega a tener cariño”, añadió.

Respecto a la Fundación nos confirmó que las clases eran gratuitas,  “a los niños no se les cobraba, a los maestros se les daba un pago por hora clase”.

“Era muy buena para la sociedad,  ayudaba a niños que no podían pagar clases particulares”, comentó María. Sin embargo en abril de este año, en reunión con padres y maestros se les informó que por la pandemia se cerrarían las instalaciones, luego se les avisó que no se podía costear el gasto de la Fundación.

Manuel, otro maestro, de manera breve nos dijo, “estoy seguro de que benefició a muchas familias, me hubiera gustado seguir en acción”.

Esta Fundación refleja en parte la vida de Gabriel, los sucesos que transcendieron en su infancia y adolescencia. “Vivimos por todos lados con dos hermanos y una hermana, cada año nos cambiábamos de casa (…) no tengo una carrera universitaria”, nos platicó.

“Siempre quise aprender a tocar un instrumento pero fue imposible”, comentó. “Nunca tuvimos ese acceso para mí fue un trauma,  no tener acceso a la cultura y el deporte”, añadió Gabriel.

Por lo mismo, Fundación Creer, daba  clases de arte y Tae Kwon Do, señala Gabo que la intención era que el niño a través de la disciplina adquiriera carácter, en su  formación, “no hay nada más poderoso que el carácter, una persona con carácter se puede enfrentar a la vida (…) un niño con carácter se puede enfrentarse a lo que sea (…) a tener una mejor oportunidad”, señaló.

Una anécdota que narra Gabriel, cuando tenía catorce años, al requerir un empleo acudió a la taquería los Volcanes, y solicitó una oportunidad al propietario, el cual se negó a dárselo por su edad, “el dueño me dijo que estaba loco por mi edad, pero yo le discutí de tal manera que aceptó”. Gabriel marra ese momento para ejemplificar la importancia de mantener carácter ante ciertas situaciones.

Narra Gabro que las instalaciones de la Fundación fueron adecuadas, “remodelamos la casona, hicimos un cuarto de tae kwon do y otro de ballet. Otro para música y equipamos una cafetería y una biblioteca comunal”.

Los niños tomaban además regularización de “inglés y español”. A ese lugar también acudían adultos mayores, “se les daba zumba,  bailes de salón, contención psicológica, un espacio para atenderlos, dijo Gabo.

Y es que uno de los grandes temores del empresario es morir en soledad, “conozco muchos casos de adultos mayores abandonados”, esa experiencia se transformó en el aporte significativo a los adultos mayores, Gabriel le llama “homenajearlos”.

Entonces, si era tan maravillosa la Fundación, le preguntamos por qué no se difundieron tales acciones, nos respondió, “casi no presumíamos con fotos, quise separar las cosas para evitar se malinterpretara (…) desde el inicio se acordó que se ayudaría a niños y adultos mayores”.  

Cuenta Gabo que los maestros que participaron “son personas muy entregadas a su labor”.

Otras acciones que llevaron a cabo,  “presentaciones de libros (…) una vez al mes, un jueves hacíamos una noche de encuentro y llevaban a adultos mayores de asilos (…) se preparaban para ir (…) íbamos a colonias de alto índice de marginación y quiénes solicitaba beca se les aplicaba un estudio socioeconómico y  apoyábamos a pequeños comerciantes llevaban a clases a sus hijos  para que no estuvieran en los puestos (…) en diciembre pusimos un árbol y llevamos  juguetes a una comunidad”.

“Teníamos unos niños maravillosos y tan talentosos”, recordó el empresario.

Por último dijo “a mí me enseñaron a entrarle a todo de frente sin rodeos, a lo mejor a veces tienes mucho miedo pero las cosas se hacen, se confrontan y se terminan y si tienes chance de llorar en una esquina lo haces, los que venimos de abajo los sabemos”.

*los nombres fueron modificados a petición de nuestras fuentes.

Ana Dora